Aguascalientes
ante su próxima gran decisión:
Fabricar el
futuro o quedarnos viendo cómo pasa
Hubo un tiempo en que escuchar el nombre de Aguascalientes era hablar de industria, de trabajo y de oportunidades. Nuestra tierra se convirtió en un referente nacional gracias al esfuerzo de miles de familias que encontraron en la manufactura y en la industria automotriz una forma de salir adelante.
Pero el mundo cambió.
Y está cambiando más rápido de lo
que imaginamos.
Mientras leemos estas líneas, la
inteligencia artificial ya está transformando empresas; los vehículos
eléctricos están modificando las cadenas de producción; la robótica está
sustituyendo procesos tradicionales; y la tecnología biomédica está
revolucionando la manera de prevenir y tratar enfermedades.
La pregunta es inevitable:
¿Está Aguascalientes preparado
para la nueva economía?
El riesgo de vivir de los
éxitos del pasado
Durante décadas, la industria
automotriz ha sido uno de los motores del desarrollo económico de nuestro
estado. Sin embargo, depender de un solo sector es un riesgo que el futuro ya
comenzó a evidenciar.
Para mí, en definitiva, quedarse
únicamente con el modelo de maquila automotriz "empieza a sonar tan
noventero como el fax".
La frase puede parecer dura, pero
refleja una realidad que muchos expertos económicos han señalado desde hace
años: las regiones que no diversifican su economía terminan perdiendo
competitividad.
Hoy, las inversiones buscan
ecosistemas donde existan:
- Talento especializado.
- Universidades actualizadas.
- Capacidad de innovación.
- Certidumbre jurídica.
- Regulaciones modernas.
- Capital humano preparado para las nuevas
tecnologías.
Y en todos esos rubros,
Aguascalientes tiene una enorme oportunidad.
El empleo del futuro se está
construyendo hoy
Imaginemos a una joven de
Pabellón de Arteaga estudiando programación de inteligencia artificial.
O a un estudiante de Jesús María
diseñando componentes para vehículos eléctricos.
O a un investigador de la
Universidad Autónoma de Aguascalientes desarrollando tecnología biomédica capaz
de salvar vidas.
No es una historia de ciencia
ficción.
Es lo que está ocurriendo en
distintas partes del mundo y lo que podría suceder aquí si tomamos las
decisiones correctas.
Por ello, durante la
participación que tuve en el Foro de Alto Nivel sobre Innovación para el Poder
Legislativo Mexicano, realizado del 2 al 5 de junio. en la ciudad de
Washington, D.C., coloqué sobre la mesa, en mi calidad de Senador de la República,
una discusión fundamental: México necesita un marco normativo moderno que
permita aprovechar de manera responsable la inteligencia artificial, los
semiconductores, la automatización y las nuevas tecnologías aplicadas a la
producción.
Porque el futuro no espera.
Y la competencia tampoco.
Educación: la verdadera
inversión estratégica
Cada vez que una empresa
tecnológica decide dónde invertir, no pregunta primero por los edificios o las
carreteras.
Pregunta por las personas.
¿Cuántos ingenieros hay?
¿Cuántos especialistas en
robótica?
¿Cuántos desarrolladores de
software?
¿Cuántos técnicos en
automatización?
¿Cuántos investigadores?
Por ello, una de las principales
conclusiones de las reuniones que sostenidas con funcionarios del Banco
Interamericano de Desarrollo y representantes de la Embajada de México en
Estados Unidos fue la necesidad de fortalecer la educación, la capacitación y
el desarrollo de talento.
La mejor política económica del
siglo XXI es formar personas capaces de competir en la economía del
conocimiento.
Y eso implica actualizar carreras
universitarias, impulsar la educación tecnológica, fomentar el aprendizaje del
inglés y promover nuevas habilidades digitales desde edades tempranas.
El campo también puede ser
tecnológico
Cuando se habla de innovación,
muchas personas piensan únicamente en computadoras o robots.
Sin embargo, la tecnología
también puede transformar al campo.
Sensores inteligentes para
optimizar el uso del agua.
Drones para monitorear cultivos.
Sistemas de inteligencia
artificial que anticipen plagas.
Tecnología para hacer más
productivos a nuestros agricultores.
El futuro de Aguascalientes no
está solamente en las ciudades; también puede construirse desde el campo,
generando oportunidades para miles de familias.
El desafío del T-MEC
Otro de los temas abordados
durante la gira de trabajo fue la próxima revisión del Tratado entre México,
Estados Unidos y Canadá, conocido como el T-MEC.
Lo que ahí se decida tendrá un
impacto directo en la llegada de inversiones, en la generación de empleos y en
la competitividad de estados industriales como Aguascalientes.
Por eso es fundamental que México
llegue preparado, con una visión estratégica y entendiendo que las nuevas
cadenas productivas estarán cada vez más vinculadas con la innovación, la
automatización y las tecnologías limpias.
La gran pregunta para
Aguascalientes
La historia nos ha enseñado que
los momentos de cambio también son momentos de oportunidad.
La revolución industrial
transformó al mundo.
La era digital hizo lo propio.
Ahora estamos entrando en la era
de la inteligencia artificial y de la economía basada en el conocimiento.
La verdadera pregunta no es si el
cambio llegará.
La pregunta es:
¿Queremos que Aguascalientes
sea protagonista de esta transformación o simplemente un espectador?
Tenemos talento.
Tenemos universidades.
Tenemos ubicación estratégica.
Tenemos experiencia industrial.
Lo que necesitamos ahora es
visión de futuro.
Porque el próximo gran motor
económico de Aguascalientes no se construirá solamente en las fábricas.
Se construirá en las aulas, en
los laboratorios, en la innovación y en la capacidad de nuestras nuevas
generaciones para imaginar un estado que no tenga miedo de competir con el
mundo.
El futuro ya comenzó.
Y Aguascalientes tiene todo para liderarlo.

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