Cuando un gobierno deja de
medirse y tomar acción, comienza a perderse
La verdad no le teme a las
evaluaciones
Imagínate ir al médico y que, de
un día para otro, decidiera dejar de hacerte estudios porque los resultados no
le gustan.
Sin análisis, sin diagnósticos, sin evidencia. Solo palabras.
¿Le confiarías tu salud?
Entonces, ¿por qué deberíamos
confiar el futuro de millones de mexicanos a un gobierno que parece incómodo
con las evaluaciones y con los organismos que miden los resultados de sus
políticas públicas?
Porque gobernar no es un acto de
fe. Gobernar es rendir cuentas.
Y cuando un gobierno elimina a
quien lo evalúa, la pregunta es inevitable: ¿qué es lo que no quiere que los
ciudadanos sepan?
La austeridad que prometieron
y la realidad que vivimos
Hace algunos años se prometió una
nueva forma de gobernar: una austeridad republicana que acabaría con los
excesos, reduciría la corrupción y pondría a las personas en el centro de las
decisiones.
Los mexicanos dieron un voto de
confianza.
Pero la realidad terminó siendo totalmente
distinta.
Más deuda pública. Más gasto.
Instituciones desaparecidas. Programas sustituidos por promesas que no han
entregado los resultados esperados.
El avión presidencial se
convirtió en un símbolo mediático. Los fideicomisos fueron eliminados. El Fondo
de Desastres Naturales desapareció y muchos municipios afectados por
emergencias han resentido la falta de apoyo oportuno.
El Seguro Popular fue eliminado
con la promesa de un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. Hoy, miles de
familias siguen enfrentando la falta de medicamentos, tratamientos y vacunas.
La pregunta que millones de
mexicanos se hacen es simple:
¿Dónde están los resultados?
El verdadero problema: cuando
se quiere controlar la narrativa
Las democracias fuertes tienen
algo en común: aceptan ser evaluadas.
Los gobiernos responsables
entienden que medir es corregir, y corregir es mejorar.
Por eso resulta preocupante
cualquier intento de concentrar las funciones de evaluación y eliminar los
contrapesos institucionales que durante años permitieron conocer la realidad
social del país.
Porque cuando desaparecen las
instituciones autónomas, también desaparece una parte de la verdad.
Y sin verdad, los ciudadanos
pierden la posibilidad de exigir mejores resultados.
¿Por qué era importante medir
la pobreza?
Durante años, México fue
referente en América Latina por desarrollar una metodología que permitía
entender la pobreza más allá de los ingresos.
La pobreza no solo significa
falta de dinero.
También significa:
- No tener acceso a la salud.
- No tener educación de calidad.
- Vivir sin seguridad social.
- No contar con una vivienda digna.
- Tener dificultades para acceder a una alimentación
adecuada.
Medir estas carencias permitió
diseñar mejores políticas públicas y conocer si los programas realmente
ayudaban a quienes más lo necesitaban.
Porque lo que no se mide, no se
puede mejorar.
Y lo que no se evalúa, termina
convirtiéndose en propaganda.
La pobreza no se combate con
discursos
La lucha contra la pobreza exige
datos, evidencia y resultados.
No basta con afirmar que las
cosas están mejor.
Los ciudadanos merecen saber si
los programas funcionan, si el dinero público está llegando a quienes más lo
necesitan y si las decisiones del gobierno están cambiando vidas.
La transparencia no es un lujo
burocrático.
Es un derecho.
La rendición de cuentas no es un
obstáculo para gobernar.
Es la esencia de la democracia.
El país que merecemos
México necesita gobiernos que
escuchen, que acepten las críticas y que tengan la valentía de ser evaluados.
Necesitamos instituciones que defiendan
la verdad, aunque los resultados sean incómodos.
Porque un gobierno que no quiere
ser medido corre el riesgo de dejar de ver los problemas reales de la gente.
Y cuando eso sucede, quienes
pagan las consecuencias son las familias mexicanas.
Hoy más que nunca debemos
defender algo fundamental:
La política social no se
presume, se evalúa.
La lucha contra la pobreza no
se decreta, se mide.
La transparencia no se
negocia, se garantiza.
Porque la verdad puede incomodar
al poder, pero siempre será el mejor camino para construir un México más justo,
más libre y con mejores oportunidades para todos.

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